Opinión : Recomendable.
En 1978 se publicaba en Alemania la novela El fiel Ruslán del Georgui Vladímov, cuyo cuento "Los perros" no pudo publicarse en 1965 debido a su contenido político y circuló de manera clandestina a lo largo de más de una década. Adoptando
el punto de vista del perro para explicar la inhumanidad del sistema soviético,
la narración parte de una situación que se produjo en la Unión Soviética a
finales de los años cincuenta, cuando los cambios introducidos por el dirigente
Nikita Jruschov permitieron la
liberación de millones de prisioneros y el desmantelamiento de parte del
sistema soviético de los campos de trabajo. La historia arranca con la imagen de Ruslán, un perro guardián que ha pasado la vida en un campo de trabajo del Gulag soviético, un perro “del
todo normal, hijo legítimo de ese perro primitivo al que el miedo a las
tinieblas y el odio a la luna habían empujado al fuego que ardía ante
la caverna del hombre, obligándolo a sustituir la libertad por la
fidelidad”. El
animal se ha limitado hasta el momento a cumplir con el deber y, movido
por agradar al Servicio, obedece a su amo, un hombre despiadado y sin
escrúpulos que, al igual que Ruslán, es un eslabón más de la cadena
amo-esclavo a partir de la cual se constituye el Partido. Habituados
a
seguir órdenes, los perros guardianes deben hacerse cargo de su
libertad de manera repentina. De la noche a la mañana, los campos
se vacían y los guardias, a quienes aman y
obedecen incondicionalmente, ya sea movidos por el amor o por el miedo a
recibir un castigo o un disparo letal, los abandonan a su suerte. Es
en ese punto donde la libertad y la toma de decisiones se despliegan como un
horizonte gélido e inabarcable frente a la confundida y desconcertada mirada de
Ruslán, figura en la que se condensan la duda, el estupor y la incomprensión. Acorralando
la mirada alucinada del animal, están la nostalgia y el recuerdo del campo de
trabajo en el que el sabueso desempeñaba una función clave a la hora de
escoltar a los prisioneros y de encontrar y capturar a aquellos infelices que se
aventuraban a probar el sabor amargo de una fuga frustrada.
En 1978 se publicaba en Alemania la novela El fiel Ruslán del Georgui Vladímov, cuyo cuento "Los perros" no pudo publicarse en 1965 debido a su contenido político y circuló de manera clandestina a lo largo de más de una década. Adoptando
el punto de vista del perro para explicar la inhumanidad del sistema soviético,
la narración parte de una situación que se produjo en la Unión Soviética a
finales de los años cincuenta, cuando los cambios introducidos por el dirigente
Nikita Jruschov permitieron la
liberación de millones de prisioneros y el desmantelamiento de parte del
sistema soviético de los campos de trabajo. La historia arranca con la imagen de Ruslán, un perro guardián que ha pasado la vida en un campo de trabajo del Gulag soviético, un perro “del
todo normal, hijo legítimo de ese perro primitivo al que el miedo a las
tinieblas y el odio a la luna habían empujado al fuego que ardía ante
la caverna del hombre, obligándolo a sustituir la libertad por la
fidelidad”. El
animal se ha limitado hasta el momento a cumplir con el deber y, movido
por agradar al Servicio, obedece a su amo, un hombre despiadado y sin
escrúpulos que, al igual que Ruslán, es un eslabón más de la cadena
amo-esclavo a partir de la cual se constituye el Partido. Habituados
a
seguir órdenes, los perros guardianes deben hacerse cargo de su
libertad de manera repentina. De la noche a la mañana, los campos
se vacían y los guardias, a quienes aman y
obedecen incondicionalmente, ya sea movidos por el amor o por el miedo a
recibir un castigo o un disparo letal, los abandonan a su suerte. Es
en ese punto donde la libertad y la toma de decisiones se despliegan como un
horizonte gélido e inabarcable frente a la confundida y desconcertada mirada de
Ruslán, figura en la que se condensan la duda, el estupor y la incomprensión. Acorralando
la mirada alucinada del animal, están la nostalgia y el recuerdo del campo de
trabajo en el que el sabueso desempeñaba una función clave a la hora de
escoltar a los prisioneros y de encontrar y capturar a aquellos infelices que se
aventuraban a probar el sabor amargo de una fuga frustrada.
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